En las últimas décadas, una práctica oscura entre los dirigentes deportivos y dueños de equipos, era que ningún equipo entraría en la disputa por la adquisición de la ficha de un jugador de fútbol, si el entendido tenía contrato vigente, o al menos “platicas adelantadas” con dicho club.

De esta manera, el profesional del fútbol estaría a expensas de las decisiones y determinaciones nada más de un club, ya que con este pacto, descartaría la posibilidad de poder negociar  con un segundo o tercer club nacional.

Dicha práctica data de hace algunos años, misma que se dio en los equipos populares de la capital y de la zona norte.

Uno de los casos famosos fue el del guardameta Noel Valladares, quien siendo futbolista del Motagua, entró en negociaciones con el archirrival Olimpia, quien finalmente se quedó con la ficha del jugador.

Así como este caso, se suscitaron muchos otros a lo largo de la historia, por lo que los dirigentes, al verse de alguna manera “afectados” en las negociaciones, decidieron firmar “un pacto de caballeros” para estas.

Pero, ¿en qué consiste este pacto?

Bueno, la idea es que el equipo no entre en competencia económica con otro por la adquisición o renovación del jugador que ha concluido contrato, de esta manera el futbolista no tendría opciones  de negociar con otro club en el campo nacional.

Este tipo de negociaciones, son totalmente nocivas para los futbolistas que se encuentran en este estado, una práctica que al parecer seguirá vigente por muchos años. . .

Lo ideal, ya para la sana competencia y bienestar de nuestros jugadores, estas practicas antideportivas, debería de desaparecer, y de esta manera hacer un torneo competitivo, y no con jugadores a la deriva y muchas veces, a la larga hasta desempleados por tales situaciones.

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